Un comercio de confianza y de paso constante
Pocas tiendas reciben a tanta gente distinta en un mismo día como una farmacia. Pasan personas mayores que vienen a por su tratamiento, padres con niños pequeños, gente que sale del centro de salud con una receta recién hecha y vecinos que solo entran a por algo puntual. En pueblos y ciudades medianas como Écija, además, la farmacia del barrio tiene algo que pocas cadenas consiguen: la gente se fía de ella.
Esa confianza es justo lo que hace que un servicio como Astibolt tenga sentido ahí. Cuando alguien se queda sin batería, suele buscar un sitio cercano, abierto y donde no le miren raro por pedir ayuda. La farmacia cumple las tres cosas.
El móvil ya forma parte del tratamiento
Hoy la receta electrónica, la tarjeta sanitaria digital, las citas del centro de salud y muchas apps de seguimiento de medicación viven en el teléfono. Un cliente con el móvil apagado puede tener problemas para enseñar un código, consultar qué le pautó el médico o llamar a un familiar para confirmar una dosis. No es un capricho tecnológico: es un trámite que se atasca.
Con una estación en el mostrador o junto a la entrada, ese cliente coge una batería, sigue con su gestión y se va con el móvil funcionando. El farmacéutico no tiene que prestar su propio cargador ni buscar un enchufe libre detrás del mostrador.
Las guardias, el momento en que más se agradece
Las farmacias de guardia atienden a gente que, muchas veces, ha salido de casa con prisa: de madrugada, un domingo o después de una visita a urgencias. En esas situaciones es muy habitual llegar con el móvil casi a cero tras horas de espera, llamadas y mensajes. Poder cargarlo en ese momento, sin depender de nadie, es un detalle que el cliente recuerda.
Además, la estación funciona sola. No exige que el personal haga nada distinto durante la guardia: el usuario paga directamente en la estación con tarjeta, Apple Pay o Google Pay, sin instalar ninguna app, y la batería se libera.
Qué supone para la farmacia
- Sin coste de instalación: Astibolt instala la estación gratis y se encarga del mantenimiento y la reposición de baterías.
- Sin trabajo extra: el personal no cobra, no presta ni recoge nada. El proceso es autónomo.
- Poco espacio: la estación ocupa lo mismo que un pequeño expositor y solo necesita un enchufe.
- Imagen de servicio: refuerza la idea de farmacia cercana que resuelve problemas cotidianos, más allá de dispensar.
Si quieres conocer los detalles de cómo se reparte lo que genera cada estación, lo explicamos en cómo cobran los negocios que instalan Astibolt.
Dónde colocarla dentro de la farmacia
Lo ideal es un punto visible desde la entrada pero que no interfiera con la cola del mostrador ni con los expositores de temporada. Un lateral junto a la puerta o la zona de espera de fórmulas magistrales suele funcionar bien. Lo importante es que el cliente la vea mientras espera su turno, que es cuando más se acuerda de que le queda poca batería.
Precio claro para el cliente
El usuario paga 2,50 € cada 30 minutos de uso, con un cargo máximo de 9 € por alquiler. Al empezar se bloquea un depósito de 8 € y se devuelve la diferencia al entregar la batería. Son condiciones sencillas de explicar si alguien pregunta en el mostrador, y todo el proceso viene detallado en Cómo funciona.
Empezamos por Écija
Astibolt nace en Écija y quiere crecer poco a poco por la provincia de Sevilla. Si tienes una farmacia o parafarmacia en la zona y te interesa ser de los primeros en ofrecer este servicio, puedes contarnos tu caso en la página para negocios o escribirnos por WhatsApp. Estudiamos cada local para decidir si encaja.